Hace unos días era el punto más fotografiado y de los que más salía en las televisiones locales por el jucio por el asesinato de Nagore Laffage, pero ayer me tocó ir a mi por temas laborales y la verdad es que impone.
Las puertas enormes ya te hacen entrever que estás entrando en un sitio importante. Nada más entrar ves un montón de policía y gente de seguridad y un detector de metales por si tienes alguna intención poco amigable. Por supuesto, la identificación es obligatoria.
Y luego, esperando a la persona con la que había quedado, te vas dando cuenta de la gente que entra. Gente elegante que parecen abogados, y gente que sin poder evitarlo, piensas que están ahí para defenderse por el aspecto es de alguien que "algo habrá hecho".
A mí, personalmente me causó respeto el sitio. Supongo que soy fácilmente impresionable.
Shúkran
Hace 20 horas